Casos de estudio

Los enclaves productivos seleccionados están plenamente integrados en las dinámicas de reestructuración global a las que se han visto sometidas las zonas agrícolas conectadas a cadenas globales agroalimentarias en el levante y el sur de España y, al mismo tiempo, son representativas de su heterogeneidad en términos de tejido productivo, fórmulas de calidad implementadas y organización de la producción y el envasado-transformación.

La producción de uva de mesa y frutal en la Vega Media del Segura (Murcia).

En la Vega Alta del Segura se desarrolló, desde finales del siglo XIX, un primer ciclo de agricultura comercial de vocación exportadora en torno a la producción frutícola, especializado en la producción de naranjas y de frutas de hueso destinadas a la conserva. Ya en el siglo XX, durante los 50 y 60, tendrá lugar un segundo ciclo de expansión frutícola, centrado en la industria conservera, que sentará las bases para el desarrollo de la fase agroindustrial de los años 80, con la expansión de la producción en fresco destinada a la exportación. Este territorio presenta, actualmente, una estructura productiva dual: por un lado, la pequeña y mediana explotación familiar, con una estructura de distribución basada en las cooperativas; por otro, la presencia cada vez mayor de grandes empresas que integran la fase de producción agrícola, el almacén de manipulado y la comercialización, lo que introduce nuevas lógicas en las formas de producción y en la organización laboral. Los jornaleros autóctonos o procedentes de otras zonas de España han sido sustituidos, en gran medida, por trabajadores migrantes, de manera que al género, como elemento central en la organización social del trabajo, se unen ahora la nacionalidad y el origen étnico de los trabajadores. En los últimos años, el cultivo de la uva de mesa para la exportación, especialemente en las variedades apirenas, ha tenido una fuerte expansión, que se ha traducido en cambios significativos. Desde el punto de vista de los productores y empresarios, la creciente importancia de la uva de mesa está cambiando la estructura agrícola de la zona. La ampliación de la escala de la producción agraria ha desplazado a los pequeños productores al requerir enormes inversiones en infraestructura productiva y tecnológica. El resultado ha sido una estructura empresarial organizada en torno a grandes y medianas empresas. Desde el punto de vista de la organización social del trabajo, encontramos un incremento de la temporalidad, con una presencia cada vez mayor de empresas de trabajo temporal, y un empeoramiento generalizado de las condiciones laborales. Gran parte de la reestructuración productiva y varietal ha estado vinculada a la implantación de certificaciones de calidad controladas por las grandes distribuidoras.

La producción de fresa y otras berries en la provincia de Huelva.

El cultivo de fresas y otras berries, que fue impulsado en los años 60 tras introducir la tecnología agraria más avanzada procedente de California, se extiende a lo largo de 7.000 ha en el litoral de la provincia de Huelva. Actualmente se siguen diferenciando  tres núcleos de producción: núcleo de Almonte; de Cartaya-Lepe-Isla Cristina; y núcleo de Moguer-Palos de la Frontera-Lucena del Puerto, zona donde se inició el cultivo y desde donde se extendió al resto de territorios. Es esta última área la que ha sido seleccionada como unidad de observación. La agricultura intensiva onubense sobresale por haberse convertido en el primer exportador de fresas de Europa y el segundo del mundo después de California. Aunque en las últimas décadas se observa cierta tendencia a la concentración de la tierra, este cultivo se sigue basando en el predominio de la pequeña propiedad. A pesar de ello, destaca el rol fundamental que han pasado a desempeñar las migraciones laborales, y muy especialmente aquellas protagonizadas por mujeres, en el sostenimiento del mercado de trabajo. Las presiones ejercidas en el último periodo sobre este enclave productivo han provocado cambios de hondo calado, en un contexto marcado por una mayor competitividad, un desequilibrio en la relación costes de producción/ingresos, un mayor poder de la distribución para imponer los precios y nuevas exigencias en materia de calidad. En este sentido, entendemos que los sistemas de regulación de la calidad se han convertido en un elemento clave en las prácticas, relaciones y tensiones que se dan entre el ámbito de la distribución, la producción y el trabajo, al tiempo que los diferentes actores (y de diferente manera) utilizan la calidad en las estrategias desarrolladas para evitar la desarticulación de la cadena agrícola global. En este cultivo adquieren un peso especial las certificaciones de calidad privadas.

La producción vitivinícola en el Marco de Jerez (Cádiz).

El Marco de Jerez se localiza en el suroeste de Andalucía en nueve municipios mayoritariamente en la provincia de Cádiz y constituye un sistema productivo local emblemático en la región. En las décadas recientes, pese a la crisis de los productos tradicionales de la vitivinicultura local, las bodegas del Marco de Jerez han protagonizado un proceso de adaptación a la globalización agroalimentaria redefiniendo su inserción en las cadenas globales. De bodegas locales han pasado a grupos internacionales de bebidas alcohólicas, impulsando procesos de desterritorialización, aunque han mantenido un importante control sobre las denominaciones de origen que, sin embargo, han vivido un proceso de cambio en su regulación adaptándose a las nuevas exigencias de calidad en los mercados globales. En 2016, según datos del Consejo Regulador, la superficie de viñedo del Marco de Jerez se estimaba en casi 7.000 hectáreas propiedad de 1.600 viticultores y bodegas que produjeron 57 millones de kilos de uva. De las 66 bodegas inscritas en el Consejo Regulador, 51 bodegas, el 77%, eran bodegas exportadoras. En el Marco de Jerez se producen hoy vinos generosos y vinagre amparados por tres denominaciones de origen “Jerez-Xérès-Sherry”, «Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda» y “Vinagre de Jerez” regidas por un mismo Consejo Regulador, así como brandy de Jerez amparado por una Indicación Geográfica. También se producen, al margen de las denominaciones de origen, otros Vinos de la Tierra de Cádiz con fuerte presencia en cadenas de supermercados y algunos con certificación ecológica, además de otras bebidas alcohólicas. Las principales bodegas de Jerez son hoy grupos internacionales de bebidas como resultado de su inserción en las cadenas globales por lo que el Marco de Jerez es en la actualidad un centro internacional de embotellado y logística de bebidas alcohólicas, muchas de las cuales no se producen localmente.

La producción de naranja y caqui en la Ribera Alta y la Ribera Baja (Valencia).

La Ribera del Xúquer es una comarca natural e histórica que agrupa las comarcas administrativas de la Ribera Alta y la Ribera Baixa, en la provincia de Valencia. Estas comarcas centrales valencianas con una rica agricultura se orientan, junto con otras limítrofes, desde mediados del siglo XIX al cultivo de naranjas, mandarinas y otros agrios, de alto valor económico, de los que una parte muy importante se exportaba a Europa. Otros rasgos característicos son el predominio de las pequeñas explotaciones agrícolas y la importancia de las cooperativas, muy extendidas desde mediados del siglo XX. En la actualidad, tanto la Ribera Alta como la Ribera Baixa poseen una estructura económica diversificada, con un importante sector servicios y una relevante industria, aunque la agricultura –básicamente agrios—y la industria auxiliar vinculada mantienen su relevancia económica y social. Se trata de un cuasi monocultivo de agrios y otros frutales, a cargo de pequeños propietarios, la mayoría organizados en cooperativas, y orientado a la exportación. Aunque algunas grandes empresas, de capital agroalimentario valenciano, han estado presentes históricamente en la zona, desde mediados de los años 80 y a lo largo de los años 90 aumenta la presencia, relevancia y creciente protagonismo, de las grandes empresas distribuidores, tanto de capital español como internacional. En términos de calidad, ello ha implicado la generalización de los estándares marcados por las grandes distribuidoras. En la última década se ha dado un proceso de reconversión de cultivo de cítricos a caquis enalgunas partes de la comarca, por el bajo precio de la naranja, la idoneidad del terreno y la creciente demanda de este fruto en el mercado. Estudiaremos también este cultivo, dado que se rige por el mismo modelo de producción, recolección, comercialización y distribución, que caracteriza a los cítricos en estas comarcas valencianas.

La producción vitivinícola en la Denominación de Origen Utiel-Requena (Valencia).

Ubicada en el interior de la Comunidad Valenciana, ocupa prácticamente todo el territorio de la comarca La Plana de Utiel-Requena, con nueve municipios. Antigua zona cerealista, con la crisis del oídium en Francia a mediados del siglo XIX, la demanda exterior de vinos transformará la comarca en una zona eminentemente vitivinícola. Ya en la primera mitad del siglo XX, se consolidan los rasgos que definen la zona: el predominio de la pequeña propiedad, el cuasi monocultivo vitivinícola, la tradición exportadora de vino a granel y la organización en cooperativas. Desde finales de los años 80, de forma decidida en los años 90, la DO Utiel-Requena ha conocido un importante proceso de reestructuración productiva en el que el Consejo de la Denominación de Origen y las bodegas privadas, con un creciente protagonismo, han constituido la punta de lanza, con el apoyo de la administración y en el marco de las orientaciones y ayudas de la PAC. Uno de los ejes de esta reestructuración productiva ha sido la calidad, muy vinculada a las nuevas demandas del mercado, con medidas que han ido desde la introducción de nuevas variedades “mejorantes”, la elaboración de vinos de calidad, su diversificación en términos de gama, variedades y elaboraciones, así como una compleja heterogeneidad de requerimientos y acreditaciones (además de las establecidas por el Consejo de la DO). La orientación exportadora ha tenido un notable resultado, el comercio exterior supuso en la campaña 2013-2014 el 78,9% del valor del comercio vitivinícola; además el vino embotellado representó el 98% del valor económico de las exportaciones. Sin embargo, los pequeños productores han visto debilitada su posición frente a las bodegas, consideran que no se paga adecuadamente la calidad y las cooperativas tienen crecientes dificultades para afrontar los retos derivados de la globalización del mercado del vino, entre otros, la cuestión de la calidad.